{"id":437,"date":"2025-01-07T22:46:58","date_gmt":"2025-01-07T22:46:58","guid":{"rendered":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/?p=437"},"modified":"2025-01-07T22:54:28","modified_gmt":"2025-01-07T22:54:28","slug":"la-reconciliacion-ano-santo-1975","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/la-reconciliacion-ano-santo-1975\/","title":{"rendered":"LA RECONCILIACI\u00d3N (A\u00f1o Santo 1975)"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-group\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained\">\n<div class=\"wp-block-group\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained\">\n<div class=\"wp-block-group\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained\">\n<p class=\"has-text-align-center has-black-color has-luminous-vivid-amber-background-color has-text-color has-background has-link-color has-small-font-size wp-elements-0edfb720b92266b581a83b60233ca304\"><strong>Beato Eduardo Francisco Pironio<\/strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"150\" class=\"wp-image-438\" style=\"width: 150px;\" src=\"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/img028-e1736290081447.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/img028-e1736290081447.jpg 850w, https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/img028-e1736290081447-300x300.jpg 300w, https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/img028-e1736290081447-150x150.jpg 150w, https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/img028-e1736290081447-768x768.jpg 768w, https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/img028-e1736290081447-270x270.jpg 270w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center has-vivid-red-color has-luminous-vivid-amber-background-color has-text-color has-background has-link-color has-small-font-size wp-elements-80cf3acbcf0394c1c97af66b8613a9e1\"><strong>Carta pastoral: Evangelizaci\u00f3n, A\u00f1o Santo, Eucarist\u00eda<\/strong><\/p>\n<\/div><\/div>\n<\/div><\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p>Es el lema y el fruto que el Santo Padre propone para el A\u00f1o Santo. \u00a1C\u00f3mo quisiera yo que lo descubri\u00e9ramos en su profundidad y eficacia y que lo vivi\u00e9ramos en intensidad de conversi\u00f3n y de encuentro!    Cuando hablamos del A\u00f1o Santo no entendemos simplemente un a\u00f1o de gracia y de perd\u00f3n; mucho menos, un a\u00f1o de superficial movimiento y de turismo. Entendemos un a\u00f1o de particular presencia del Se\u00f1or, de gran actividad del Esp\u00edritu Santo. Un a\u00f1o de renovaci\u00f3n interior y de verdadera conversi\u00f3n; <strong>de real encuentro con Dios que es nuestro Padre y con los hombres nuestros hermanos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>A. Encuentro con nosotros mismos<\/strong><br>Lo cual supone volver a encontrarnos con nosotros mismos: con nuestra realidad interior hecha de serenidad y de miedo, de cansancio y de esperanza, de amor y de ego\u00edsmo, de felicidad y de tristeza, de fidelidad al plan de Dios y de rechazo, de oscuridad y de luz, de gracia y de pecado.<br>Para encontrarnos con nosotros mismos hace falta un momento de silencio. En general huimos del silencio porque lo consideramos un tiempo muerto; o porque nos grita, nos golpea y nos acusa. Cuando nosotros estamos en silencio, Alguien habla adentro: para llamarnos, para orientarnos o para corregir la ruta que est\u00e1bamos siguiendo.<br>Pero no es f\u00e1cil meternos en el silencio; cuando volvemos a casa, enseguida encendemos la radio o el televisor. Aunque sepamos que no hay nada importante. Es que el silencio nos aturde y nos aplasta. En el silencio de Mar\u00eda naci\u00f3 la Vida; en nuestro propio silencio, si es activo y maduro como el de Ella, si es producido por el Esp\u00edritu Santo, nacer\u00e1 tambi\u00e9n la Luz, que es Cristo y nos encontraremos en \u00c9l. Sabremos quienes somos: los hijos de Dios y hermanos de los hombres.<br>Pero encontrarse a s\u00ed mismo es algo m\u00e1s: es volver a descubrir la punta del camino, es decir, lo que Dios quer\u00eda de nosotros, es descubrir su plan adorable en nuestra vida; es volver a sentir como nueva nuestra vocaci\u00f3n, nuestra profesi\u00f3n, nuestro ministerio sacerdotal, nuestra consagraci\u00f3n religiosa o nuestra vida matrimonial. Es volver a encontrarle gusto a nuestras tareas cotidianas, quit\u00e1ndoles la esterilidad de la monoton\u00eda y del cansancio. Es volver a sentir la alegr\u00eda del servicio y la fecundidad infalible en lo que hacemos: en la oficina, en el hospital, en el taller, en el campo, en el aula, en el consultorio, en la calle, en el altar o en la capilla. Es experimentar la alegr\u00eda de sentirnos \u00fatiles; y de que toda vida es una vocaci\u00f3n; y toda vocaci\u00f3n es un servicio; y todo servicio es una salvaci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 bueno es descubrir nuestro camino como providencialmente nuevo cada d\u00eda!<br>Volver a encontrarnos con nosotros mismos es darnos cuenta que hab\u00edamos cambiado. Ya no somos los de antes. La vida y los hombres nos golpearon demasiado. Dios mismo nos curti\u00f3 mucho. Si cambiamos por madurez de crecimiento, es adorable. Pero si cambiamos por superficialidad de perspectivas, por estancamiento o sentido de frustraci\u00f3n en nuestra vida, es una especie de suicidio y una forma de ego\u00edsmo. Ordinariamente pensamos que los que cambian son los otros. Nos pasa lo del Evangelio: vemos f\u00e1cilmente la paja en el ojo del hermano, pero nos cuesta descubrir la viga en el nuestro (Mt. 7, 3).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>B. Encuentro con el Padre<\/strong><br>Hay algo que nos llena de alegr\u00eda en este encuentro: volvemos a sentirnos peque\u00f1os, en las manos de un Padre que nos ama. Volvemos al Padre, a su cercan\u00eda, su intimidad, su amor.<br>Reconciliarnos con Dios es regresar al gozo de la casa paterna, sentir que Dios es nuestro Padre y nuestro Amigo; es Alguien que nos abraza y nos perdona, nos reviste de alegr\u00eda, nos alimenta con su Palabra y con su Carne, nos hace experimentar el gozo de su presencia y va haciendo el camino con nosotros.<br>\u00a1Qu\u00e9 necesidad tienen los hombres, en su soledad y en su miedo, de volver a descubrir la paternidad de Dios, la cercan\u00eda de Cristo y la intimidad fecunda del Esp\u00edritu! \u00a1Qu\u00e9 necesidad tenemos todos de volver a experimentar que Dios es Amor!<br>Pero esto exige el proceso evang\u00e9lico de la conversi\u00f3n. Lo cual supone tomar conciencia de nuestro pecado y pedir humildemente a Dios que nos perdone. Los cristianos de hoy sufrimos m\u00e1s que nunca los efectos del pecado (injusticias, opresiones, muertes, etc), pero hemos perdido lamentablemente la conciencia del pecado. Quiz\u00e1s sufrimos \u201ccomplejo de culpabilidad\u201d y acudimos f\u00e1cilmente a un siquiatra para que nos libere; pero dif\u00edcilmente nos damos cuenta de que hemos rechazado al Amor y herido a Dios olvidando el dolor de los hermanos.<br>Nos parece que el pecado, la conversi\u00f3n y el sacramento de la Reconciliaci\u00f3n ya pasaron de moda. Pero la lucha entre la Luz y las tinieblas, entre el bien que queremos y el mal que hacemos seguir\u00e1 hasta el final. La vida del cristiano \u2013Obispo, sacerdote, religioso, o laico\u2013 es un permanente camino de conversi\u00f3n, que necesita lucha, sufrimiento y humildad, hasta entrar en la Casa del Padre.<br>Descubrir a Dios como Padre es hacer la vida m\u00e1s serena y luminosa, m\u00e1s activa, optimista y comprometida. No es lo mismo un cristiano convertido \u2013que ha encontrado de veras al Se\u00f1or y descubierto que Dios es su Padre\u2013 que un cristiano que ha perdido la fecundidad y alegr\u00eda pascual de su Bautismo. Lo nota enseguida la gente. Se da cuenta enseguida si la fe que profesamos es un \u201cpuro compromiso\u201d por temor, o m\u00e1s bien un amor que nos compromete de veras con la vida. Un cristiano que ama a Dios como Padre y lo celebra cotidianamente en su tarea cambia el mundo: hace m\u00e1s habitable la tierra y m\u00e1s fraternos a los hombres.<br>Por eso la conversi\u00f3n aut\u00e9ntica tiene un signo: la serenidad interior y la alegr\u00eda de un encuentro. \u201cHe visto al Se\u00f1or\u201d (Jn. 20, 18). \u201cHemos encontrado a Aqu\u00e9l de quien hablaron los Profetas\u201d (Jn.1, 45).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>C. Encuentro con el hermano<\/strong><br>Y el encuentro con el Padre nos compromete: a realizar su voluntad, a descubrir que todo hombre es nuestro hermano. Este es el tercer t\u00e9rmino de la Reconciliaci\u00f3n proclamada en el A\u00f1o Santo: el encuentro verdadero con el hermano. No es un simple descubrimiento y abrazo. Es esencialmente donaci\u00f3n y servicio. Es pr\u00e1ctica de la justicia. Es solidaridad con los que sufren. Es comunicaci\u00f3n gozosa de la propia vida.<br>Amar de veras es llorar con los que lloran y alegrarse con los que se alegran (Rom. 12, 15). Amar de veras, sobre todo, es dar la vida por el amigo (Jn. 15, 13). Pero ese amigo no es alguien a quien yo he elegido; es alguien que providencialmente Dios ha puesto en mi camino (Lc. 10, 29ss), a quien tal vez yo no conoc\u00eda ni s\u00e9 su nombre, pero que me necesita porque en \u00e9l a muerto la alegr\u00eda y la esperanza, porque en \u00e9l la muerto la Vida. Amar de veras es encontrar a Alguien que tiene siempre un mismo nombre: Jesucristo.<br>Ponernos en camino hacia el hermano es romper la insensibilidad y el ego\u00edsmo, superar la desconfianza o el cansancio. Es, sobre todo, descubrir que Cristo vive en cada uno de lo hombres (Mt. 25, 40). Y que al final de la vida se nos juzgar\u00e1 en el amor.<br>El A\u00f1o Santo tiende a renovar interiormente a cada hombre, a renovar la Iglesia, a renovar la comunidad humana. Si la Reconciliaci\u00f3n es verdadera, es indudable que habr\u00e1 m\u00e1s justicia en el mundo, m\u00e1s amor y m\u00e1s libertad. Por consiguiente habr\u00e1 m\u00e1s paz. \u201cEl Pentecost\u00e9s de la gracia\u201d, como dec\u00eda Pablo VI, \u201cse convertir\u00e1 en Pentecost\u00e9s de la fraternidad\u201d.<br>La Evangelizaci\u00f3n, tema del S\u00ednodo, tiende fundamentalmente a esto: a la conversi\u00f3n. Y la conversi\u00f3n se traduce en t\u00e9rminos de reconciliaci\u00f3n. Por eso yo quisiera repetirles con San Pablo: \u201cEs Dios el que les grita por mi boca: en nombre de Cristo, les ruego que se reconcilien con Dios\u201d (2Cor. 5, 20).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mar del Plata, 15 de setiembre de 1974<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Festividad de Nuestra Se\u00f1ora de los Dolores<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTiempo de Esperanza\u201d, Escritos Pastorales Marplatenses III<br>Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1976.<\/p>\n\n\n\n<p><br><a href=\"https:\/\/www.dropbox.com\/scl\/fi\/5lw405iug64p1hg7a8ywu\/08-Tiempo-de-esperanza-Escrit-Past-Marplatenses-III.doc?rlkey=4hlreenw0uw7mde2gzh6gkh5d&amp;dl=0 \">https:\/\/www.dropbox.com\/scl\/fi\/5lw405iug64p1hg7a8ywu\/08-Tiempo-de-esperanza-Escrit-Past-Marplatenses-III.doc?rlkey=4hlreenw0uw7mde2gzh6gkh5d&amp;dl=0 <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A\u00f1o Santo 1975<br \/>\nTiempo de Esperanza<br \/>\nReconciliaci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":438,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[],"class_list":["post-437","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-beato-eduardo-pironio"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/437","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=437"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/437\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":442,"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/437\/revisions\/442"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/438"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=437"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=437"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopueblodedios.org\/liturgiasemanal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=437"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}