VIA LUCIS con el Beato Pironio
Puede celebrarse este “vía lucís” siguiendo al Cristo Pascual, que representa a Cristo resucitado, de igual forma como se suele hacer con la cruz del Señor. Puede ser un Cirio Pascual acompañado de la Cruz gloriosa adornada
En lugar del “Te adoramos Cristo y te bendecimos porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo”, se puede hacer otra jaculatoria como “La Luz de Cristo: Demos gracias a Dios” o “Esta es la Luz de Cristo” o “En el medio de la noche, encendemos una Luz, en el nombre de Jesús” o “¡Porque Cristo resucitó!”
ilustraciones tomadas de https://conferenciaepiscopalvenezolana.com/wp-content/uploads/2020/04/Via-Lucis_Final.pdf
1ª ESTACIÓN 
¡Cristo vive! ¡Ha resucitado!
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán» ”(Mateo 28,1-7). PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación: Si Cristo resucitó, todo se ilumina en nuestra vida. Habrá en nosotros una alegría desbordante, contagiosa; habrá una paz profunda, inquebrantable; habrá una esperanza firmísima e inconmovible, porque Cristo resucitó. Porque Cristo resucitó, todo cambiará en la faz del mundo. Porque Cristo resucitó, algo tiene que cambiar en nuestra vida.
Hermano, tú estás sufriendo, tú llevas una angustia, una pena adentro. Yo tengo que iluminarla desde mi fe, desde la luz de la resurrección. Ánimo, yo he visto al Señor y me ha dicho tales cosas. Sí, verdaderamente, Cristo resucitó.
MEDITACIONES PARA SEMANA SANTA, LA LUZ. Semana santa 1973 Mar del Plata. Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1974.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
2ª ESTACIÓN 
Los discípulos encuentran el sepulcro vacío
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.(Jn 20, 1-9)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación: El mundo desea de los cristianos un testimonio simple, concreto e infalible de fe. Pienso que los cristianos hemos dejado oscurecer nuestra fe. Pienso que los cristianos hemos perdido el sentido de Cristo en nosotros; que tenemos vergüenza de manifestar nuestro testimonio cristiano ante los hombres. Perdemos el contenido original de nuestro mensaje cristiano y esto lo pienso tanto para el sacerdote como para la religiosa o el laico. No somos una auténtica comunidad que cree de veras en Cristo resucitado. Y por eso hemos dejado de ser sal, luz, fermento y levadura de Dios.
¿Qué es lo que hay en mí que impide ese testimonio? ¿No será que me falta un convencimiento mayor, más personal y más hondo, de que Cristo vive en la historia? ¿De que Cristo no fue un fracaso? ¿De que el Evangelio no es una utopía, sino que Cristo triunfó y sigue peregrinando en la historia, haciendo la ruta con nosotros? ¿De que Cristo verdaderamente nos ha comunicado la potencia salvadora del Evangelio y que su palabra puede cambiar el mundo? ¿Es esa la esperanza que yo estoy contagiando a los hombres? ¿No será que mi vida es también como un signo de derrumbe, de desesperación, de desaliento, de derrota, de fracaso? ¿Soy verdaderamente, ante el mundo que espera y busca tanteando en la oscuridad, una luz que da esperanza? ¿Soy verdaderamente signo de que Cristo resucitó?
MEDITACIONES PARA SEMANA SANTA, LA LUZ. Semana santa 1973 Mar del Plata. Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1974.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
3ª ESTACIÓN 
El encuentro con María Magdalena
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Los discípulos regresaron entonces a su casa. María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto» .Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!». Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: «Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes». María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.” (Juan 20,10-18).
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación:
Cuando María Magdalena se encuentra con el Señor resucitado siente la tentación de quedarse abrazada a sus pies y le dice: “Señor, Maestro…”. Y se siente feliz con el encuentro. Su vida cambió, se sintió en soledad y ahora encuentra al Señor. Estaba llorando y ahora se ilumina su tristeza. Todo cambió en su vida, se arrojó y se quedó abrazada a sus pies. Pero el Señor le dice: “No, esa no es tu postura, no te quedes abrazada a mis pies, ve y cuéntale a mis hermanos”. ¡Cómo nos encanta esta expresión: “Cuéntale a mis hermanos”! Jesús ha muerto en la cruz para hacernos hermanos. Es la primera vez ahora que llama a sus discípulos “hermanos”. Ahora sí, después de haber muerto en la cruz, después de haber dado su Eucaristía por nosotros, Jesús nos llama hermanos. “Ve y cuéntale a mis hermanos”. María se levanta y anuncia a Pedro, a Juan, y a todos los discípulos: “He visto al Señor y me ha dicho tales cosas”. La vida de María Magdalena cambió no sólo porque se ha encontrado con el Señor, sino porque ella se ha sentido ahora responsable de transmitir una esperanza.
( ¡Cuántos hermanos nuestros necesitan nuestra presencia! ¡Cuántos hermanos nuestros que viven en la oscuridad necesitan nuestra luz! ¡Cuántos hermanos nuestros necesitan sencillamente el gesto de una comprensión, de una amistad, de un amor verdadero! Es inútil, mis hermanos, que tratemos de predicar y hablar a los demás si no nos decidimos a hacer una comunidad que ama. No basta gritarles a los hombres el amor; tenemos que expresar en gestos sencillos, cotidianos, de comprensión, de servicio, de muerte, de donación, que somos capaces de amar de veras. Y no basta tampoco esto. Tenemos que plantar, sembrar en el corazón de los hombres –frío e insensible, tal vez, encerrado y enemistado, dividido y quebrado, amargado por el odio y por la violencia– el amor.)
PREPARANDO LA PASCUA Semana Santa Miércoles 1974 Mar del Plata. Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1975.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
4ta ESTACIÓN
Cristo Resucitado en el camino de Emaús
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “ Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!». «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!.¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él. “ (Lc 24, 13-19. 25-27). PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación: Cristo les interpreta el dolor y la cruz, desde la esperanza, desde la Palabra, desde la Escritura, desde la fe. Y el corazón de ellos se va encendiendo. Lo dicen ellos al final. Se van encendiendo porque ven que no es simplemente una palabra aprendida, que es palabra saboreada, experimentada: ven que ese Señor, a quien ellos todavía no han descubierto, no les transmite un mensaje aprendido de memoria, sino que les va comunicando una experiencia real. En definitiva les va explicando su propia historia, les va contando su vida. Por eso sienten que su corazón se enardece.
(Es una segunda actitud que nosotros tenemos que tomar con nuestros hermanos que viven en la oscuridad, en el sufrimiento: interpretar su dolor, su propio problema, su pobreza, su cruz, desde la Palabra de Dios, desde la fe. Pero no desde una palabra sabiamente aprendida, técnicamente memorizada. ¡Cuántas frases de la Escritura sabemos de memoria! ¡Cómo habremos aprendido el catecismo de una manera estupenda! No, no basta. Tenemos que hablar a los demás desde una experiencia de Dios, desde una experiencia de la cruz y en Dios. Únicamente aquél que ha experimentado a Dios adentro, aquél que ha mordido la cruz, puede hablarle a otro hermano, contarle quién es Dios y qué es la cruz. O sea, únicamente Jesús puede hablar de Jesús. Únicamente cuando nosotros nos dejemos invadir plenamente del Señor y cambiar adentro, la palabra no va a salir de nosotros como una doctrina sino como una vida, como un mensaje, como un testimonio.)
¿Por qué hay sacerdotes –ustedes lo han experimentado en el confesionario o en el encuentro personal– o, sin ser sacerdotes, por qué hay personas que al decir una simple palabra lo iluminan todo y lo pacifican? Porque esa palabra más que una expresión es una vida, más que una doctrina es una Persona y esa Persona tiene un nombre y ese nombre es Cristo.
PREPARANDO LA PASCUA Semana Santa Martes 1974 Mar del Plata. Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1975.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
5ta ESTACIÓN 
Cristo Resucitado se manifiesta al partir el pan
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”. Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.“(Lc 24, 28-35)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación:
Para celebrar la Eucaristía tenemos que acercarnos a los hermanos como Jesús se acercó a los discípulos de Emaús. Entrar en comunión.
La Eucaristía es después de la Palabra. ¡Qué atención, qué recogimiento, qué disponibilidad, tenemos que tener frente a la Palabra que nos es leída y proclamada! Que nos es explicada por el sacerdote. Ilumina nuestro camino y nuestra cruz, siembra nuestra ruta de esperanza.
Después el Pan. El sacerdote lo parte en nombre de Jesús. ¡Ese darse Jesús a nosotros en la Eucaristía! Ahí lo reconocemos y creemos: “Señor, te he encontrado. Pero no me quedo aquí. Porque te he encontrado, Señor, me siento inmensamente feliz y veo que mi vida cambia. Porque te he encontrado, Señor y Tú eres mi esperanza, veo que en mi corazón lleno de tristeza, de pesimismo, de cansancio y de desesperanza, ha brillado otra vez la esperanza. Pero, sobre todo, Señor, porque te he encontrado y Tú eres mi hermano y amigo que te me das en la fracción del pan, yo descubro que no te puedo guardar para mí solo; que tengo que salir, que tengo que partir el pan con los hermanos, que tengo que gritarles a estos hombres de 1974, en mi ciudad, en mi barrio, en mi casa, en mi oficina: que sí, que es verdad, que Tú has resucitado, que vas haciendo el camino con nosotros, que nos das la Palabra, nos explicas la cruz y nos repartes el Pan”.
PREPARANDO LA PASCUA Semana Santa Martes 1974 Mar del Plata . Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1975.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
6ta ESTACIÓN 
Cristo Resucitado se presenta vivo
y come con los discípulos
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?. Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo». Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?». Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos.”(Lc 24, 36-43)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación:
Nosotros, queridísimos hermanos, que aspiramos a la vida, que fuimos hechos para la vida, para la alegría, para la comunión, tenemos que comer de este pan. Y este pan es Jesús, Jesús que se nos da en su Palabra. ¡Qué bueno es recibirlo por la fe en nuestros corazones! ¡Decir que sí a esa Palabra y sentirnos inmensamente felices! Es Jesús que se nos comunica en su carne y en su sangre por la Eucaristía.
Mañana recibiremos otra vez al Señor, celebraremos el misterio de su Eucaristía, pan que robustece a los débiles. Estamos perdiendo un poco el sabor de este pan. Los cristianos nos hemos superficializado mucho. Tal vez nos sentimos demasiado seguros y fuertes. El Señor nos hace experimentar ahora nuestra flojedad, nuestra pobreza y nuestra miseria para, desde adentro, despertar en nosotros hambre de ese pan. Yo quisiera que en nuestro interior surgiera esta noche el grito de aquella muchedumbre que escuchaba a Jesús: “Señor, ¡danos siempre de ese pan!”.
MEDITACIONES PARA SEMANA SANTA, EL PAN. Semana santa 1973 Mar del Plata. Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1974.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
7ma ESTACIÓN
Cristo Resucitado da el poder de perdonar los pecados a los Apóstoles
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes “Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».” (Jn 20, 19-23)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación: «Señor Jesús, enviado del Padre, Tú viniste a traer la Palabra de la reconciliación, a dejarnos en la Iglesia el ministerio de la reconciliación por tu sangre, por tu cruz, por tu muerte. Gracias por hacer que la Iglesia, humanidad nueva, sea ahora el ministro de la reconciliación. Gracias, Señor, porque dentro de la Iglesia me has elegido de una manera particular para que testifique la alegría de la comunión, del encuentro, por consiguiente de la reconciliación, siendo ante los hombres testigo de amor.
Señor, que sintamos el gozo de la reconciliación, que aprovechemos el Sacramento de la reconciliación y que descubramos al Padre y a los hermanos; que nuestra vida sea de tal manera vivida en comunión con el Padre y con los hermanos, que se convierta en un grito a los hombres, una llamada a la reconciliación fraterna. Y, sobre todo, Señor, que sea un camino abierto para la reconciliación con el Padre; que nuestra vida consagrada sea la senda por donde los hombres descubran cómo se llega a Él. Amén.»
Oración de Eduardo Pironio en el libro “Señor, enséñanos a orar” Publicaciones Claretianas, Madrid. I S B N. 84-86-125-18-2 Editorial Claretiana, 1998. pag 21 y 22
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
8va ESTACIÓN 
Cristo Resucitado confirma la fe de Tomás
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”. Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!. Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».(Jn 20, 24-29)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación: Es preciso entrar por la fe en el misterio de Cristo muerto y resucitado. Cuando ocho días después se presenta Jesús a Tomás y lo invita a que meta sus manos en el costado y sus dedos en el hueco de sus manos, Tomás dirá: “Señor mío y Dios mío”. Un acto de fe muy grande en el Señor. Pero Jesús le dirá algo que es muy importante para la fe: “Tú has creído Tomás porque me has visto, felices los que crean sin haber visto”. O sea, felices los que creen sin tener tantas señales, es decir, los que creen en momentos muy difíciles y oscuros, los que creen contra toda esperanza, los que creen cuando todo pareciera que se rompe o se quiebra.
La fe, ante todo, es un encuentro con el Señor Jesús que se manifiesta; los discípulos se alegran al ver a Jesús y luego gritan: “Hemos visto al Señor”. También Tomás, que al principio duda, cuando lo ve al Señor dice: “Señor mío y Dios mío”. La fe supone un encuentro con el Señor. Ese encuentro se puede dar de muchas maneras. Se puede dar en el silencio de la oración. Se puede dar en medio de un sufrimiento muy hondo; el sufrimiento tiene esto de contradictorio: que así como a algunos los destroza, los deshace, (hay personas que dicen: “Yo no puedo creer más porque estoy sufriendo mucho”) en otros sirve para purificar la fe, hacerla más fuerte. “Creo, Señor, porque Tú estás presente hoy por la cruz”. ¡Descubrir al Señor en un gran dolor! ¡Descubrirlo en la separación o la muerte! ¡Descubrir al Señor en el prójimo y en los acontecimientos de la historia!
“Señor, Tú estás allí, yo creo, Señor, porque Tú te manifiestas a través de un dolor, a través de una palabra, a través de la alegría, a través de esta paz muy honda que yo experimento ahora. Señor, Tú estás allí y me hablas y yo escucho y respondo. Tú me estás pidiendo algo y yo te lo doy”.
PREPARANDO LA PASCUA Semana Santa Lunes 1974 Mar del Plata. Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1975.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
9na ESTACIÓN
Cristo Resucitado se aparece a los discípulos en el lago de Tiberíades
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “ Después de esto, Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban junto Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros». Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?». Ellos respondieron: «No». el les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán». Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dio a Pedro: «¡Es el Señor!». Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar». Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a comer». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: « ¿Quién eres», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.»”.(Jn 21,1-14)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación: Señor, te he encontrado. Pero no me quedo aquí. Porque te he encontrado, Señor, me siento inmensamente feliz y veo que mi vida cambia. Porque te he encontrado, Señor, y Tú eres mi esperanza, veo que en mi corazón lleno de tristeza, de pesimismo, de cansancio y de desesperanza, ha brillado otra vez la esperanza.
Pero, sobre todo, Señor, porque te he encontrado y Tú eres mi hermano y amigo que te me das en la fracción del pan, yo descubro que no puedo guardarte para mí sólo; que tengo que salir, que tengo que partir el pan con los hermanos, que tengo que gritarles a estos hombres, en mi ciudad, en mi barrio, en mi casa, en mi oficina: que sí, que es verdad que Tú has resucitado, que vas haciendo el camino con nosotros, que nos das la Palabra, nos explicas la cruz y nos repartes el Pan. Que Nuestra Señora de la Esperanza —Nuestra Señora del Camino, la Pobreza y el Servicio— nos acompañe, haga luminosa nuestra ruta, gozoso nuestro encuentro y firme nuestra esperanza. Que así sea.
Oración de Eduardo Pironio en el libro «Señor, enséñanos a orar» Publicaciones Claretianas, Madrid. I S B N. 84-86-125-18-2 Editorial Claretiana, 1998. pag 9 y 10
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
10ma ESTACIÓN 
Cristo Resucitado confiere el primado a Pedro
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le respondió: «Sí, Señor, saber que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras». De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».»”.(Jn 21,15-19)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación: Señor, revélanos el misterio de tu Iglesia
«Señor, Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Tú vives ahora en la Iglesia, en nuestra Iglesia, en esta Iglesia concreta que vive en un lugar determinado y en un tiempo determinado de la historia, con la imperfección propia de los límites del tiempo y de los hombres. Tú eres el Cristo, esperanza de la gloria.
Señor, ayúdanos a que emprendamos, de una vez por todas, bajo la acción del Espíritu, el auténtico proceso de renovación, mediante la incorporación a tu muerte y a tu resurrección. Ayúdanos a ponernos en un clima muy sincero y sereno de conversión, porque la Iglesia eres Tú, Señor, esperanza de la gloria. Nosotros en la Iglesia queremos ser esa expresión, esa manifestación; queremos que todo en nosotros, como consagrados, sea una cotidiana comunicación de Ti, Cristo Pascual, Esperanza de la gloria. Amén.»
Oración de Eduardo Pironio en «Señor, enséñanos a orar» Publicaciones Claretianas, Madrid. I S B N. 84-86-125-18-2 Editorial Claretiana, 1998.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
11 a ESTACIÓN 
Cristo Resucitado realiza el envío misionero
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».”.(Mt 28,17-20)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación: Oración a Nuestra Señora de la Misión
«Virgen de la Buena Nueva: recibiste la Palabra y la practicaste. Por eso fuiste feliz y cambió la historia. Virgen de la misión y del camino, la que llevó a la casita de Isabel la Salvación y a los campos de Belén la Luz del Mundo.
Gracias por haber sido misionera. Por haber acompañado a Jesús en el silencio y la obediencia a su Palabra. Gracias porque tu misión fue hasta la cruz y hasta el Don del Espíritu en Pentecostés. Allí nació la Iglesia misionera.
Virgen de la Misión: También nosotros viviremos en misión. Que toda la Iglesia se renueve en el Espíritu.
Que amemos al Padre y al hermano. Que seamos pobres y sencillos, presencia de Jesús y testigos de su Pascua. Que al entrar en cada casa comuniquemos la Paz, anunciemos el Reino y aliviemos a los que sufren. Que formemos comunidades ORANTES, FRATERNAS Y MISIONERAS.
Virgen de la Reconciliación: nuestra Iglesia peregrina quiere proclamar la Fe con la Alegría de la Pascua y gritar al mundo la Esperanza. Por eso se hunde en tu silencio, tu comunión y tu servicio. Ven con nosotros a caminar. Amén. Que así sea.»
De Oraciones a la Virgen del Cardenal Pironio, Revista Pan y Trabajo, Bs As También en: “Señor, enséñanos a orar”. 28 pag 79 y 80
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
12 a ESTACIÓN 
Cristo Resucitado sube al cielo junto al Padre
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?». El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir».”.(Hechos 1, 6-11) PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Oración: Virgen de la Asunción, danos un corazón de peregrinos
«María, tú eres la mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas.
Tú eres la mujer que nos ha dado a Cristo y a la Iglesia. María, coronada en el cielo como Madre y Reina nuestra, tú eres signo de esperanza cierta y de consuelo para nosotros, que todavía peregrinamos en la tierra.
Danos un corazón sencillo y pobre como el tuyo para poder esperar verdaderamente.
Danos un corazón orante y contemplativo para descubrir constantemente el paso del Señor en nuestra historia hasta que nos abramos al encuentro definitivo, en la visión.
Danos un corazón lleno de caridad que viva en disponibilidad total a la voluntad del Padre y en servicio generoso a los hermanos.
Danos un corazón sereno y fuerte para que gustemos la cruz pascual y contagiemos a los hombres la esperanza.
Danos un corazón de discípulo para que escuchemos constantemente la Palabra, la acojamos en nuestro interior y la comuniquemos con alegría.
Danos un corazón de peregrinos para caminar contigo, oh Madre y Señora nuestra, hasta el encuentro definitivo con el Hijo que nació de ti y reina con el Padre y el Espíritu por los siglos de los siglos. Amén.»
Oración de Eduardo Pironio en el libro Señor, enséñanos a orar Publicaciones Claretianas, Madrid. I S B N. 84-86-125-18-2 Editorial Claretiana, 1998. pag 72
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
13ra ESTACIÓN
Con la Virgen María, a la espera del Espíritu Santo
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “ Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.”.(Hechos 1,12 -14) PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Meditación:
María no aparece en los relatos de la resurrección. Los evangelistas –ni siquiera Juan– no nos cuentan ninguna “manifestación” del Resucitado a su madre. Era lógico que se le apareciera como a la primera, y así lo creemos. Pero lo importante era lo otro: que María estuviera presente en la cruz y en el cenáculo de Pentecostés; es decir, en el comienzo fuerte del misterio pascual y en el fruto primero de su glorificación: la efusión del Espíritu Santo.
María anima espiritualmente la comunión y la creación fraterna de los discípulos de Jesús que permanecen en la ciudad, en espera de la promesa del Padre, hasta ser revestidos del poder de lo alto (Lc 24,49). Se dará allí la plenitud del misterio pascual con la efusión del Espíritu Santo.
Pentecostés, plenitud del misterio pascual, pone a María en relación íntima con estas tres realidades pascuales: la comunión fraterna, la oración y la evangelización. El Espíritu Santo desciende sobre el grupo de los discípulos del Señor, reunidos con María, y los constituye en comunidad evangélica, orante y misionera. El misterio pascual nos hace orar; más aún, es la forma mejor de oración y lo proclamamos cada vez que celebramos la eucaristía. También allí nos sentimos “hermanos”. Es impresionante comprobar cómo, después de Pentecostés, se habla en los Hechos de los Apóstoles de “los hermanos”. Hermanos que creen y rezan, que aman y sirven, que evangelizan y dan la vida. Porque, como María, han vivido profundamente el misterio pascual.
Nuestra Señora de la Pascua –al introducirnos profundamente en el misterio pascual de su Hijo– nos hace sustancialmente pobres y felices, serenos y fuertes, alegres y llenos de esperanza. Contemplar a nuestra Señora de la Pascua es meternos en su corazón fiel para gritar: “Salve, oh cruz, nuestra única esperanza”. A partir de allí el Espíritu pone en nuestros labios: “Resucitó Cristo, mi esperanza»
“De Pablo VI a Juan Pablo II” escritos entre los años 1978 y 1980. Ed. Patria Grande, Buenos Aires, 1981.
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria
14ta ESTACIÓN
Cristo Resucitado envía a los discípulos el Espíritu Santo Prometido
V. ¡Aleluia!¡Toma mi mano hermano!
R. ¡Cristo Resucitó! ¡Aleluia!
– V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
– R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia!
Texto bíblico: “ Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.”.(Hechos 2,1 -6)
PALABRA DEL SEÑOR: Gloria a Ti, Señor Jesús!
Oración: Virgen del Cenáculo
«María, Virgen del Cenáculo, imagen y principio de la Iglesia, tú nos muestras a la Iglesia Virgen, Esposa y Madre. Tú nos muestras a la Iglesia contemplativa, fraterna y misionera.
Ayúdanos a prestar nuestro sí constante al Señor para que nuestra presencia en el seno de la Iglesia sea como la tuya: oculta y a la vez real, verdadera y fecunda.
Señora del Cenáculo, Madre de la Iglesia, tú que presidiste en el amor la oración de los apóstoles y la espera del Espíritu Santo, enséñanos a vivir y a gustar el misterio de la Iglesia.
Enséñanos a engendrar la Iglesia como tú, desde nuestro corazón lleno de fe.
Enséñanos tu oración silenciosa y tu disponibilidad al Espíritu para saber orar con los apóstoles en comunicación eclesial; para saber acompañar a la Iglesia desde dentro, como tú; para que por nuestro sí la Iglesia vaya creciendo en fidelidad, en comunión, en santidad. Amén.»
Oración de Eduardo Pironio en el libro Señor, enséñanos a orar © Publicaciones Claretianas, Madrid. I S B N. 84-86-125-18-2 Editorial Claretiana, 1998. pag 71
Rezamos: Padre nuestro, Ave María, Gloria